Juan Fabregat - Retrato de su esposa (1933) Oleo

Llega a Buenos Aires, pinta y prepara una exposición que celebra antes de abandonar la Capital Argentina. Pasa corto tiempo por Chile en su trayecto para México, en donde halla una continuación de su patria primera, un rehacer de su vida quebrada por la revolución, y la muerte de su esposa.
Se dedica aquí de lleno a sus cuadros. Pasa unos seis años pintando los que adornan la parroquia de Coyoacán. Luego los de Tecamachalco, y en los inviernos intermedios recorre los más bellos y escondidos


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paisajes mexicanos reuniendo una colección de pinturas (unas cuarenta cada vez) para nuevas exposiciones.
Pinturas suyas llenas de sol, de vida, que reflejan muy a lo vivo el carácter de nuestro suelo. Los críticos de arte le han dedicado buenos elogios.
A más a dejado retratos muy apreciados.
Precisamente en un invierno, el último de su vida, se hallaba pintando en Zitácua-ro cuando le acometieron unos vómitos de sangre. Se trasladó rápidamente al Sana-


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