torio Español en donde se preparó con cristiana y ejemplar resignación a la intervención quirúrgica que se creyó precisa.
Sufrió las angustias de la operación. Estaba preparado a la muerte y hablaba de ella con la naturalidad con que se trata de un día de la semana. Todos sus asuntos y escritos llevan esa cristiana previsión.
Ya se restablecía de tan delicada intervención y con grandes esperanzas por parte de los especialistas que le atendían cuando diez días después, a las 8 de la mañana, otro vómito de sangre puso al querido enfermo en los lindes de la muerte. Recibe el Sacramento de la Extremaunción, y tras la última absolución (privado ya del uso de la palabra) confía su alma en la misericordia divina, en quien tanto había confiado.
Se le enterró en la Cripta de la familia en el Cementerio Español.
Hombre de gran entereza de carácter, marcada personalidad, e independencia de juicio. Ordenado en sus cosas: tenía mar-


cado su reglamento horario. Apuntaba to-dos sus gastos y entradas, de modo, que regulaba sus necesidades según podía disponer después de prudente ahorro. Generoso; sufrido a las molestias y desaires de gente más joven que no pensaba con experiencia; sensible a las pequeñas atenciones y muestras de afecto, así como a los desafectos que no dejaba de notar. Atento a todos sus deberes cívicos, cumplidor y leal con sus amistades y parientes, amigo fiel y afectuoso. Tenaz en el trabajo. Enérgico de voluntad: no retrocedía ante sacrificios ordinarios o prescritos por los médicos. Distinguido, muy correcto en modales y educación, conversación agradable.
Vivía con modestia, evitando el boato y lujo superfluo. Su deseo era vivir y morir y ser tratado con la modestia de vida que veía y admiraba en los religiosos: esa le parecía la medida justa a la que debía amoldar sus días.  Así insistía repetidas veces antes de dejar esta tierra.


Juan Fabregat - El Chalchi - (Vigilante) (1948) Tepoztlan Mor. Oleo


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